La cuesta arriba de la formalidad: emprender en Perú y LATAM

“¿Cuándo abrimos? —me preguntó Rosa, con una mezcla de ilusión y ansiedad.
No hablaba solo de levantar la reja de su pequeña panadería, sino de cruzar una frontera mucho más compleja: la formalidad. Tenía clientes, recetas y talento. Lo que le faltaba eran permisos, RUC, licencias, planillas, facturación electrónica y un flujo de caja que resistiera los primeros meses. Esa conversación, como tantas que he tenido con emprendedores, refleja el muro invisible que enfrentamos quienes intentamos hacer empresa en el Perú y en gran parte de América Latina.

El primer muro es estructural: la informalidad no es una excepción, es el ecosistema. Según la OIT, cerca del 72% de la fuerza laboral peruana trabaja en condiciones informales, la tasa más alta de la región. En América Latina, casi la mitad del empleo (47.6%) se desarrolla bajo la misma lógica. Esto demuestra que la formalización no depende únicamente de la voluntad del emprendedor, sino también del terreno donde pisa.

El segundo muro es regulatorio. Aunque se han digitalizado varios trámites, la burocracia sigue siendo pesada. Notarías, registros, licencias sectoriales y una curva tributaria empinada desalientan a los pequeños negocios. El Banco Mundial ha señalado que, en nuestra región, la experiencia de “hacer empresa” continúa marcada por cuellos de botella en impuestos y gestiones repetitivas.

El tercer muro es financiero. Rosa, como muchos otros, no calificaba a créditos productivos por no tener historial formal. Terminó dependiendo de proveedores y adelantos de clientes, un círculo que limita la inversión y el crecimiento. Estudios regionales muestran que el acceso a financiamiento y la incertidumbre regulatoria son los principales obstáculos que enfrentan las empresas emergentes.

¿Cómo avanzar? Tres claves resultan evidentes: formalizar ventas desde el inicio, aunque implique sacrificios; mejorar productividad, automatizando procesos y midiendo costos; y asociarse, ya sea en cooperativas o en servicios compartidos. Rosa siguió ese camino. Le tomó meses, no días, pero hoy factura, accede a proveedores grandes y contrata con beneficios. La formalidad, más que un requisito, se convierte en un multiplicador de futuro.

Fuente

Angelo Pinasco