El presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo ruso, Vladímir Putin, iniciaron este viernes su esperada cumbre en Alaska con un gesto que buscó proyectar cordialidad: un prolongado apretón de manos y sonrisas, antes de adentrarse en horas de conversaciones que podrían redefinir tanto el curso de la guerra en Ucrania como las relaciones entre Moscú y Washington.
Trump descendió del Air Force One y, desde la alfombra roja, aplaudió mientras Putin se acercaba. Ambos líderes se estrecharon las manos por un tiempo considerable, sonriendo, hasta que el presidente ruso señaló con una sonrisa hacia el cielo, donde volaban B-2 y F-22 —aeronaves concebidas para contrarrestar a Rusia en la Guerra Fría— sobre la Base Conjunta Elmendorf-Richardson.
En medio del protocolo, reporteros gritaron: “Presidente Putin, ¿detendrá usted el asesinato de civiles?”. Putin se llevó la mano al oído, sin ofrecer respuesta. Poco después, ambos subieron a la limusina presidencial estadounidense, con el líder ruso sonriendo ampliamente mientras el vehículo pasaba frente a las cámaras.
La cercanía mostrada por ambos no sorprendió a quienes conocen su relación de larga data, aunque sí resultó llamativa en el contexto de la guerra que Putin inició en Ucrania, el conflicto terrestre más grande en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Este tono podría inquietar al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y a líderes europeos que temen que Trump priorice los intereses de Estados Unidos y evite presionar con firmeza a favor de Ucrania.
Ni Zelenski ni dirigentes europeos fueron invitados al encuentro, lo que obligó al mandatario ucraniano a pronunciar un mensaje en video en el que expresó su deseo de que Washington mantenga una “posición firme”.
“Todos quieren un final honesto para la guerra. Ucrania está dispuesta a trabajar de la forma más productiva posible para poner fin a la guerra”, afirmó. Más tarde agregó: “La guerra continúa y continúa precisamente porque no hay orden, ni señales desde Moscú, de que se esté preparando para terminar esta guerra”.
Tablero estratégico para ambos líderes
Para Trump, la cita representaba la oportunidad de demostrar su capacidad como negociador y pacificador, una imagen que él y sus aliados han promovido, asegurando que podría poner fin al conflicto rápidamente.
Para Putin, era la ocasión de buscar un acuerdo que consolide los avances territoriales rusos, impida la entrada de Ucrania a la Otan y, eventualmente, devuelva a Kiev a la órbita de Moscú.
La reunión, originalmente prevista como un encuentro privado, se convirtió en una sesión de seis participantes: Trump estuvo acompañado por el secretario de Estado, Marco Rubio, y el enviado especial Steve Witkoff; Putin llegó con el ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, y el asesor Yuri Ushakov. La Casa Blanca parece así tomar más precauciones que en 2018, cuando ambos se reunieron en Helsinki durante dos horas solo con sus intérpretes, un encuentro que generó controversia cuando Trump puso en duda las conclusiones de la inteligencia estadounidense sobre la injerencia rusa en las elecciones de 2016.
Los mandatarios iniciaron las conversaciones frente a un telón azul con las palabras “Alaska” y “Persiguiendo la paz”. Está previsto que al final de la cumbre ofrezcan una conferencia de prensa conjunta.
Riesgos y expectativas
Recibir a Putin en suelo estadounidense supone un riesgo político para Trump, pues le otorga visibilidad y legitimidad tras el aislamiento internacional que enfrentó por la invasión a Ucrania hace tres años y medio. La exclusión de Zelenski rompe con la política occidental de “nada sobre Ucrania sin Ucrania” y abre la puerta a un acuerdo que Kiev podría rechazar.
Las posibilidades de éxito parecen limitadas: Moscú y Kiev siguen manteniendo posiciones distantes. Putin se ha negado a aceptar un alto el fuego temporal sin que antes se detengan los suministros de armas occidentales y se frene la movilización ucraniana, condiciones que Ucrania y sus aliados rechazan.
Trump, que esta semana dijo estimar un 25% de probabilidad de fracaso, ha insinuado que si el encuentro resulta productivo podría invitar a Zelenski a una reunión posterior con él y Putin en Alaska.
Antes de llegar, Trump afirmó que las conversaciones incluirían las exigencias rusas de que Ucrania ceda territorio como parte de un acuerdo de paz. “Tengo que dejar que Ucrania tome esa decisión. Y creo que tomarán una decisión correcta”, declaró a periodistas, sugiriendo que Kiev debería considerar concesiones. También señaló que existe “una posibilidad” de ofrecer garantías de seguridad a Ucrania junto a potencias europeas, “pero no en forma de Otan”.
Putin, por su parte, se mantiene firme en su rechazo a que Ucrania se una a la alianza atlántica, una aspiración de Kiev para fortalecer sus vínculos con Occidente.
En Alaska también está presente el general Alexus Grynkewich, comandante supremo aliado de la Otan en Europa, para brindar “asesoría militar” a Trump y al secretario de Defensa, Pete Hegseth, según un alto mando militar de la alianza que habló bajo condición de anonimato. Su presencia podría dar tranquilidad a líderes europeos que han pedido a Trump mantener una posición dura frente a Moscú.
Miradas internacionales y contexto histórico
Gobiernos de todo el mundo observan con atención cómo se desarrolla la interacción entre ambos presidentes, evaluando lo que podría significar para sus propias relaciones con Trump, quien ha sustituido la diplomacia tradicional por un enfoque más transaccional.
La guerra ha dejado enormes pérdidas humanas y materiales en ambos bandos. Ucrania, pese a las previsiones iniciales, ha resistido desde la invasión de febrero de 2022, pero enfrenta el desafío de frenar a un ejército ruso más numeroso, soportando bombardeos constantes y combates a lo largo de más de 1.000 kilómetros de frente.
Alaska, separada de Rusia por menos de cinco kilómetros en su punto más cercano, jugó un papel crucial durante la Guerra Fría al interceptar aviones soviéticos. La Base Elmendorf-Richardson sigue cumpliendo funciones estratégicas similares hoy en día.
AFP/Fotografía: Casa Blanca