Las declaraciones de alto calibre político han vuelto a posicionar a Washington y Pekín en el eje de las tensiones internacionales, al tiempo que Europa busca reafirmar sus relaciones comerciales con EE.UU. y la dinámica asiática muestra una postura crítica ante políticas arancelarias. El mercado, aunque aún respaldado por el momentum bursátil, navega sobre fundamentos estructurales cada vez más volátiles y fragmentados.
En Estados Unidos, el dato de nóminas no agrícolas correspondiente a abril mostró una creación de 177.000 empleos, por debajo de los 185.000 del mes anterior, aunque superando ligeramente las previsiones de 138.000. La tasa de desempleo general se mantuvo estable en 4,2%, mientras que la medición más amplia U6 descendió marginalmente a 7,8% desde 7,9%, indicando una ligera mejora en la subutilización laboral. A pesar de esta aparente estabilidad, analistas advierten que los informes de empleo de mayo y junio podrían mostrar una considerable debilidad, debido al bajo rendimiento esperado en sectores clave como logística y ocio y hostelería. El descenso del 45% en la salida de buques portacontenedores desde China hacia EE.UU. desde el 16 de abril, con un rezago de llegada de 21 días, afectará directamente el ciclo de nóminas de mayo. La hostelería, que suele liderar el crecimiento estacional, tampoco lograría cumplir con las expectativas, lo que sugiere presiones futuras en el mercado laboral.
El panorama fiscal y monetario estadounidense también ofrece señales de tensión. Las reservas bancarias de la Reserva Federal han caído a 3 billones de dólares, su nivel más bajo desde enero, y las probabilidades de un recorte de tasas para la próxima reunión de la Fed han caído por debajo del 5%, a pesar de que el mercado sigue descontando hasta 100 puntos básicos de recortes para este año. En el plano político, el presidente Donald Trump ha reiterado su presión fiscal, proponiendo un recorte del 23% en el gasto interno y un incremento del 13% en defensa, mientras promueve su “gran y hermoso” proyecto de ley de impuestos, con la advertencia de un aumento del 68% en impuestos si este no es aprobado. Trump también anunció sanciones al petróleo iraní y reafirmó que cualquier país que comercie con crudo iraní no podrá hacer negocios con EE.UU., en una advertencia con resonancias geopolíticas claras.
En cuanto al crecimiento económico, los indicadores comienzan a mostrar divergencias. El seguimiento del PIB del segundo trimestre por parte de Goldman Sachs se ajustó al alza a +2,4%, apoyado en una caída menor a la esperada del índice ISM manufacturero. Sin embargo, la Fed de Atlanta proyecta un PIB de solo 1,1%, reflejando incertidumbre sobre el consumo y la inversión en infraestructura. En el mercado bursátil, el S&P 500 se encuentra en su racha alcista más prolongada desde 2004, acumulando ocho días consecutivos al alza. Si cierra el viernes en positivo, marcaría nueve días seguidos, un hito no visto en 21 años.
En el ámbito corporativo, Chevron superó expectativas de ingresos en el primer trimestre, registrando $47.610 millones frente a los $47.050 millones esperados, aunque su beneficio por acción ajustado de $2,18 se mantuvo solo levemente por encima del consenso. La división de exploración y producción quedó por debajo de los pronósticos ($3.760 millones vs $4.130 millones). Por su parte, ExxonMobil decepcionó en cuanto a beneficios, con un BPA de $1,69 frente a los $1,76 esperados, aunque ingresos por $83.130 millones superaron estimaciones de $81.350 millones, mostrando resiliencia en medio de la volatilidad de los precios energéticos. A nivel global, la producción de petróleo de la OPEP cayó en abril, en contraste con sus planes de aumento, en un entorno de presión renovada por las sanciones a Irán y el esfuerzo de China por renegociar los contratos petroleros con Venezuela, movida que podría reconfigurar relaciones energéticas en América Latina.
En tecnología, Microsoft se prepara para albergar el modelo de inteligencia artificial Grok, desarrollado por Elon Musk, en una apuesta clara por consolidar su posición en infraestructura para modelos de IA avanzados.
En política exterior y comercio, EE.UU. ha presentado un borrador de marco comercial excluyendo a las industrias automotriz y siderúrgica, lo que generó una rápida protesta de Japón, cuyo primer ministro Ishiba calificó los aranceles automotrices como absolutamente inaceptables, respaldado por declaraciones de Kato, que subrayó que Tokio está listo para responder al aumento de las importaciones chinas y que los tipos de cambio deben mantenerse determinados por el mercado. No se ha discutido ningún nuevo “Plaza 2.0” con Washington. Al mismo tiempo, la Unión Europea busca mantener su peso geopolítico presentando nuevas propuestas comerciales a EE.UU., incluyendo una oferta de 50.000 millones de euros, con el objetivo de garantizar estabilidad frente a los crecientes movimientos proteccionistas.
Desde Asia, China ha comenzado a eximir discretamente de aranceles aproximadamente una cuarta parte de las importaciones provenientes de EE.UU., y el Ministerio de Comercio chino confirmó que Pekín está evaluando la posibilidad de iniciar negociaciones comerciales con la administración Trump. Altos funcionarios estadounidenses han mantenido múltiples comunicaciones recientes con las partes interesadas, con la esperanza de desescalar la guerra comercial. Sin embargo, las autoridades chinas han reiterado que cualquier diálogo debe basarse en la sinceridad de EE.UU. y en la eliminación de los aranceles unilaterales.
Por su parte, la zona euro mantuvo su inflación general anual en 2,2% en abril, igual que en marzo, con un claro contraste entre la inflación de servicios (+3,9%) y una caída del -3,5% en energía. El desempleo en la eurozona se ubicó en 6,2% en marzo, mientras que en el conjunto de la UE fue del 5,8%, reflejando estabilidad en el mercado laboral del bloque. La Comisión Europea, en paralelo, se muestra abierta a incrementar la compra de gas y productos agrícolas a EE.UU., en una señal de acercamiento estratégico frente a posibles restricciones en los flujos con Rusia.
En el plano diplomático, Trump designó a Waltz como nuevo embajador ante la ONU y al senador Rubio como asesor de seguridad nacional, completando un giro geopolítico que apunta a una línea dura y transaccional en la política exterior. El presidente ucraniano Zelenskiy, por su parte, expresó su interés en ratificar cuanto antes el acuerdo de minerales estratégicos con EE.UU., fortaleciendo los lazos industriales y militares entre ambos países.
El mercado se encuentra en una encrucijada estratégica. Por un lado, la resiliencia del índice S&P 500 y los ingresos corporativos que en su mayoría superan expectativas dan soporte al corto plazo, impulsados por flujos técnicos y expectativas de una Fed eventualmente más laxa. No obstante, los fundamentos macroeconómicos comienzan a fracturarse: el debilitamiento anticipado del empleo, la divergencia en las proyecciones de PIB, el endurecimiento fiscal de la administración Trump, y la caída de reservas bancarias son señales de advertencia para los meses venideros.
En el frente geopolítico y comercial, si bien hay gestos de distensión entre EE.UU. y China, el entorno sigue siendo altamente volátil, con posturas nacionalistas reafirmadas por ambas partes. Europa intenta intermediar con pragmatismo, pero enfrenta sus propios retos inflacionarios. El precio del crudo será un termómetro clave en el segundo trimestre, especialmente si las sanciones a Irán se traducen en interrupciones globales de suministro.
De cara al futuro, el mercado podría continuar su impulso alcista de corto plazo mientras no haya una dislocación clara en el empleo o el consumo. Sin embargo, las condiciones están dadas para una corrección técnica o una rotación sectorial si las cifras de mayo confirman los temores actuales. La clave estará en monitorear tres variables críticas: el desempeño del empleo en los sectores de servicios y logística, la postura real de la Fed frente a la inflación subyacente, y el tono final de las negociaciones comerciales entre las principales potencias.