En esta época de pausa por los asuetos de navidad y en víspera de un nuevo año, es pertinente revaluar nuestras acciones y planes. Históricamente hemos buscado una estrategia adecuada que resuelva nuestros problemas de eficiencia laboral y hasta de índole personal. Buscamos ser más productivos. Desde la primera revolución industrial hasta la incipiente quinta o industria 5.0, todas coinciden en la búsqueda de la productividad como factor de progreso y desarrollo.
Entonces, no se trata solo de trabajar o producir de forma rentable. Hablamos de superar nuestros propios logros, como en su momento la máquina de vapor sustituyó a las cuerdas sobre ruedas giratorias simples, o como el motor de combustión y el eléctrico reemplazaron a la energía de vapor. Sin embargo, estos importantes avances no hubiesen tenido el mismo impacto en la sociedad, sin el elemento humano y sus aportes a través del establecimiento de un método de trabajo. Desde Taylor, Fayol o Ford, todos buscaron estándares de rendimiento para el trabajo. ¿Pero, por qué un estándar?
Porque es la herramienta que nos permite medir cada paso ordenado de una actividad con el fin de:
1.Entender el proceso actual
2.Verificar si se está realizando de la forma definida e identificar oportunidades de mejora
Partiendo de esta premisa, podemos entender por qué muchas organizaciones y personas, se hunden en el caos, al no contar con un orden definido, entendido y comunicado para el desempeño de sus actividades. Cómo consultora, he visto empresas que operan con aquella vieja técnica de levantar el dedo húmedo para determinar la dirección del viento. Realizan los trabajos con instrucciones verbales que el predecesor hereda al sucesor, los empleados no tienen objetivos predefinidos o lo que es lo mismo, no saben exactamente porqué o para qué trabajan, sus actividades las ordena el día según se vaya presentando y tampoco tienen control sobre los estatus de estas. Inician muchas tareas y difícilmente terminan alguna de manera exitosa. Esta ausencia de método y orden es el escenario ideal para una cultura de "emergencias" dónde la planificación es una leyenda urbana y el problema pasa a ser la consecuencia. ¿Este 2025, tienes un plan y un método para alcanzar tus metas?