Destino La Romana: sostenibilidad, deporte y el futuro del turismo dominicano

El turismo deportivo, que en 2025 representó el 10% del gasto global en viajes, permite diversificar la oferta, reducir la estacionalidad y elevar estándares operativos. Para República Dominicana, donde el turismo aportó US$20.500 millones en 2024 (16,1% del PIB), el desafío es mejorar el valor por visita y fortalecer el encadenamiento local.
Los destinos exitosos no se limitan a organizar eventos aislados, sino que construyen ecosistemas completos: calendario, logística, seguridad, formación y reglas claras.
Melbourne ejemplifica esta lógica: el Australian Open 2025 generó US$565,8 millones en impacto económico gracias a una estructura institucional consistente de planificación y coordinación.
En el caso dominicano, el destino La Romana ya cuenta con fortalezas consolidadas en golf y buceo, con activos como Teeth of the Dog en Casa de Campo. El reto no es construir desde cero, sino integrar estos activos en una estrategia más estructurada que incluya conectividad, calendario, servicio, movilidad y seguridad.
La articulación entre sector público y privado es imprescindible: permisos, seguridad, uso de espacios, mantenimiento y promoción internacional requieren coordinación efectiva. Sin ella, las campañas promocionales terminan prometiendo más de lo que el destino puede cumplir.
La sostenibilidad no se mide solo en ocupación hotelera, sino en participación local y beneficios compartidos. Cuando las comunidades se involucran como voluntarias, proveedoras o beneficiarias directas, el impacto se integra al tejido del destino.
República Dominicana tiene la oportunidad de pasar de iniciativas aisladas a una visión de producto con estándares, calendario y gobernanza. Integrar el deporte como parte de la estrategia turística nacional no es un gesto simbólico, sino una decisión de competitividad que puede reducir la estacionalidad, fortalecer la identidad del destino y avanzar hacia un desarrollo turístico más sostenible y equitativo.
