Yamelie Echavarría Fundadora de City Express Multi Services

Hablar cuando durante años se aprendió a callar no es fácil. Levantarse desde el dolor, aún menos. Pero Yamelie Echavarría, madre de seis hijos, eligió transformar sus heridas en misión. Con un pasado marcado por carencias emocionales y una juventud atravesada por la incertidumbre, abrió su oficina multiservicios con la convicción de que nadie debería sentirse solo, sin respuestas o sin apoyo. Así nació City Express Multi Services, no solo como una empresa, sino como un espacio de dignidad para quienes necesitan orientación y confianza.

Su mayor herramienta para romper barreras ha sido su propia historia. En un entorno donde ser madre joven y sin respaldo suele significar exclusión, Echavarría se negó a aceptar ese destino. Ha construido liderazgo desde sus cicatrices, convirtiendo su testimonio en una luz para otras mujeres. En cada conversación, en cada trámite, lleva un mensaje claro: se puede empezar desde el dolor y aún así construir un legado. Su presencia en espacios tradicionalmente inaccesibles para mujeres con historias como la suya es un acto de resistencia y esperanza.

Las alianzas se convirtieron en un nuevo tipo de familia, una red que hoy impulsa a otras como ella. Conectar con mujeres, líderes comunitarios y organizaciones ha potenciado su impacto y permitido multiplicar su alcance. La tecnología ha sido otra aliada: le ha permitido automatizar procesos sin perder el contacto humano, educar a distancia y ampliar sus servicios sin alejarse de sus hijos ni de sus valores.

Hoy, su mayor contribución a la comunidad es la humanización del servicio. No ofrece solo trámites: ofrece escucha, fe, guía y consuelo. Su visión es dejar un movimiento: una comunidad empoderada, un sistema más humano y una red de mujeres que se levanten unas a otras. Más allá de lo profesional, quiere que su legado sea una vida que inspiró a muchas otras a creer, a sanar y a no rendirse jamás.

A continuación te invitamos a leer la entrevista completa:

¿Cuál considera que ha sido su decisión más audaz y cómo impactó en su desarrollo profesional?

Mi decisión más audaz fue dejar de quedarme callada y de esperar. Decidí levantarme y actuar. Transformé mi dolor en servicio, mi necesidad en propósito. Abrí mi oficina para servir a mi comunidad porque sabía lo que era no tener respuestas, no tener apoyo, no tener voz. Esa decisión cambió mi vida profesional, pero también me devolvió mi identidad, me dio dignidad y un lugar en este mundo. Mis hijos vieron que mamá no se rindió.

¿Qué estrategias ha implementado para romper barreras de género y abrir camino para otras mujeres?

Mi mayor estrategia ha sido mi testimonio. Romper barreras como mujer no solo ha sido profesional: ha sido emocional, espiritual y personal. Vengo de un contexto donde muchas no llegan lejos. Donde ser madre joven, sin apoyo, te condena al olvido. Pero yo me negué a aceptar ese destino. Me he presentado en espacios donde no esperaban ver a alguien como yo: una mujer con cicatrices, con historia, pero con fe. Y he usado mi voz para decirle a otras mujeres: sí se puede, aunque hayas comenzado desde el dolor. El cielo es el límite si confías y te mantienes firme.

¿Qué rol han jugado las alianzas estratégicas en su crecimiento como líder?

Las alianzas han sido como nuevas familias para mí. Conectarme con otras mujeres, organizaciones y líderes me ha permitido crecer y también ayudar a más personas. Como madre sin respaldo familiar, entendí el valor de rodearme de personas que creyeran en mí, que me impulsaran. Hoy, esas mismas conexiones abren puertas para otras mujeres como yo.

¿Qué papel juega la innovación tecnológica en su visión de futuro para su organización?

La tecnología me ha permitido llegar más lejos sin alejarme de mis hijos. Me ha dado herramientas para automatizar, comunicarme, educar y servir desde cualquier lugar. Quiero seguir creciendo en lo digital para que más personas puedan acceder a soluciones —legales, migratorias o educativas— sin sentirse juzgadas o perdidas. Mi visión es que nadie se quede atrás por falta de información o acceso.

¿Cuál considera que ha sido su mayor contribución al desarrollo social de su comunidad?

Mi mayor contribución ha sido humanizar los servicios. Cuando alguien entra a mi oficina, no solo encuentra un trámite: encuentra alguien que lo escucha, que lo entiende, que ora con él si hace falta. He ayudado a madres solteras, inmigrantes, jóvenes confundidos, personas con miedo... y todos salen sabiendo que no están solos. Eso no solo ha transformado sus vidas, también ha sanado muchas partes de la mía.

¿Qué papel juegan las redes de apoyo entre mujeres en el liderazgo femenino?

Son fundamentales. Las redes entre mujeres salvan vidas. Yo sé lo que es no tener con quién hablar. Por eso ahora lucho por construir espacios donde las mujeres puedan ser vulnerables, reír, llorar, aprender, emprender. Juntas somos más fuertes. Juntas dejamos de competir para
comenzar a crecer.

¿Cómo ha influido su background familiar y cultural en su estilo de liderazgo?

Mi historia familiar me enseñó lo que no quiero repetir y lo que sí quiero construir. Mi cultura me enseñó el valor de servir, de compartir, de resistir. Mi liderazgo es maternal, firme, transparente y con propósito. Yo no lidero desde un pedestal. Lidero desde la empatía, desde haber estado en el mismo lugar de muchas a quienes hoy acompaño.

En términos de sostenibilidad y responsabilidad social, ¿qué legado espera dejar?

Quiero dejar mucho más que una oficina: quiero dejar un movimiento. Una red de mujeres que se ayuden, una comunidad con recursos accesibles, un sistema donde el amor y la dignidad sean parte del servicio. Quiero que mis hijos y muchas otras personas puedan decir: “ella no se rindió. Ella cambió vidas. Y gracias a su historia, yo también me atreví a creer”

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