Apostar a LATAM es confiar en una región que sabe reinventarse y deslumbrar

Visión estratégica para transformar la inversión y el liderazgo en mercados emergentes de la región

                                                                                                   Alexandra Feliz

Con más de quince años de experiencia en el sector bancario y financiero, Alexandra Feliz se ha consolidado como referente en la gestión de carteras, renta fija, mercados monetarios y comercio de valores. Su pasión por generar soluciones innovadoras y su firme compromiso con la mentoría de nuevas generaciones constituyen pilares fundamentales de su trayectoria profesional. La experiencia de Feliz conecta estrechamente con la temática central de esta edición de Factor de Éxito, dedicada a explorar las oportunidades y los retos en los mercados emergentes latinoamericanos.

En su visión estratégica, las oportunidades en América Latina y el Caribe permanecen sólidas a pesar de los desafíos globales. La clave, según Feliz, consiste en comprender primero el contexto internacional para luego trasladar efectivamente ese entendimiento al ámbito local. Su apuesta por la región es estratégica y de largo plazo, fundamentada en la resiliencia, la capacidad de reinvención y el potencial aún no plenamente aprovechado de estos mercados.

Con respecto a la revolución digital en el sector financiero, Alexandra identifica a la tecnología como una aliada que, más que competir, complementa a la banca tradicional al facilitar la inclusión y la solución de problemas reales. Advierte que las tendencias futuras no dependerán solo del avance tecnológico, sino del propósito con que éste sea aplicado. En este sentido, enfatiza la necesidad de un enfoque centrado en las personas, donde la tecnología sirva para cerrar brechas y crear valor real en las comunidades.

Su estilo de liderazgo está profundamente influenciado por su identidad dominicana y enriquecido por su exposición al entorno internacional de Nueva York, que potenció su perspectiva estratégica y valoración de sus raíces culturales. Alexandra combina propósito, empatía y un fuerte sentido de comunidad, elementos característicos del estilo latinoamericano y caribeño, en cada iniciativa que lidera.

Entre sus principales logros destaca su aporte al fortalecimiento de la industria financiera y el mercado de capitales dominicano, ámbitos en los que la participación femenina históricamente ha sido limitada. Desde el inicio de su carrera en 2008, ha liderado exitosamente múltiples iniciativas estratégicas con alto impacto en la estructuración de inversiones privadas, gestión institucional de activos y desarrollo integral del mercado de valores, demostrando su capacidad en escenarios complejos como el reciente contexto de pandemia.

Además de su destacado desempeño financiero y empresarial, Feliz es una defensora activa de la educación continua y la mentoría como motores esenciales del progreso profesional. Está convencida de que el crecimiento de las próximas generaciones depende significativamente del acceso a oportunidades de aprendizaje y de experiencias inspiradoras.

Finalmente, Alexandra proyecta su legado no solo en términos económicos, sino en el impacto social real y en la formación de la próxima generación de líderes financieros. Su mayor aspiración es facilitar caminos para que otros—especialmente en Latinoamérica y el Caribe—puedan crecer y transformar el ecosistema financiero hacia uno más inclusivo, empático y conectado con la realidad social. Para Feliz, el verdadero éxito reside en inspirar a otros, crear espacios inclusivos y contribuir activamente al desarrollo sostenible de la región.

¿Cuáles son los principales desafíos y oportunidades que visualiza para los mercados emergentes latinoamericanos en 2025, especialmente en términos de inversión y desarrollo de mercados de capitales?

El mayor reto sigue siendo la volatilidad, muchas veces importada —o incluso originada— desde economías no emergentes que, paradójicamente, no siempre comprendemos del todo. Por eso, siempre exhorto: entendamos primero el contexto global antes de asumir el local. Luego está la percepción —porque muchas veces es más percepción que realidad— de una falta de institucionalidad sólida.

Pero en medio de todo eso, persiste una oportunidad dorada: traer buenas prácticas, abrir nuevas ventanas de inversión y sofisticar los mercados a través de compromisos públicos y privados claros, con rendición de cuentas y visión compartida de valor. En Latinoamérica y el Caribe, el talento, los recursos y la resiliencia no solo existen, sino que persisten a lo largo del tiempo.

Apostar a LATAM y el Caribe es apostar a una región que sabe reinventarse. O dicho en buena jerga: es como ese amigo que siempre tiene potencial, a veces llega tarde a la reunión, pero cuando se presenta... deslumbra. Solo necesita que alguien crea en él y lo impulse.

¿Cómo está impactando la digitalización en la banca tradicional y qué papel juegan las fintech en esta transformación?

La digitalización pareció disruptiva en sus inicios, pero ha habido mucha más aceptación que resistencia, además de tracción y entendimiento de que su adopción genera soluciones, inclusividad y mayor alcance. Lejos de competir, la banca aporta la confianza, mientras las fintech ofrecen agilidad y permeabilidad a lo largo de las generaciones que consumen servicios financieros.

En un contexto de creciente volatilidad económica global, ¿qué estrategias de gestión de riesgos recomienda para instituciones financieras en mercados emergentes?

Tres palabras: resiliencia, diversificación y gobernanza. El cambio ya no es una excepción, es el escenario base. Por eso, las instituciones financieras deben diseñar estructuras que no solo resistan sacudidas externas, sino que también se adapten con inteligencia.

Esto implica contar con modelos operativos flexibles, realizar pruebas de estrés creativas (los escenarios no convencionales también cuentan) y disponer de datos limpios y oportunos, algo que parece sencillo en teoría, pero que en la práctica agrega gran valor.

Sobre todo, se requiere liderazgo con perspectiva estratégica. La toma de decisiones no puede depender de correos de último minuto ni de reacciones inmediatas al ruido del mercado. En este terreno, no se gana con velocidad, sino con resistencia estratégica y visión de largo plazo. Se debe avanzar con ritmo, no con prisa.

¿Qué tendencias tecnológicas considera que tendrán mayor impacto en el sector financiero durante los próximos años?

Lo que definirá el futuro del sector financiero no será solo el “cómo” hacemos las cosas, sino el “por qué” detrás de cada decisión tecnológica. Herramientas como la inteligencia artificial, los sistemas predictivos o los servicios integrados solo marcarán la diferencia si realmente elevan la experiencia del usuario, reducen fricción y resuelven problemas concretos.

El verdadero impacto no estará en la tecnología por sí sola, sino en cómo la aplicamos para cerrar brechas, aliviar puntos de dolor del usuario y generar soluciones reales con propósito. En otras palabras, no se trata solo de innovar por innovar, sino de usar la tecnología con intención.

¿Cómo pueden las instituciones financieras aprovechar la tecnología para mejorar la inclusión financiera en comunidades tradicionalmente desatendidas?

Aplicando el principio fundamental del emprendimiento: crear soluciones que realmente resuelvan un problema. Para ello, es esencial comenzar escuchando —ya sea de forma presencial o a través de canales digitales.

No todo se resuelve con una app. La inclusión financiera comienza por entender las realidades locales y los matices culturales. La tecnología puede ser un gran puente, pero debe acompañarse de una visión centrada en las personas y de modelos híbridos que se adapten a ellas, no al revés.

Ahí empieza el verdadero reto: lograr que el algoritmo entienda al usuario. Si la tecnología no se adapta a las particularidades del día a día, entonces no está cumpliendo su propósito.

¿Qué papel juegan los criterios ESG en la toma de decisiones de inversión actual y cómo ve su evolución en el futuro cercano?

ESG no es una moda, pero tampoco debe asumirse como una camisa de fuerza. Son criterios que nos invitan a mirar más allá del retorno financiero, integrando impacto, coherencia y sostenibilidad en la toma de decisiones.

Lo social —y siempre será— es subjetivo: lo que moviliza a uno, quizás no movilice a otro. Y eso está bien. La diversidad de criterios es precisamente lo que da vida a los mercados.

Lo verdaderamente importante es que exista libertad de elección, transparencia, y que recordemos que la sostenibilidad social comienza con educación, participación y coherencia. Técnicamente, el progreso —sea cual sea el enfoque— debe mostrar una tendencia ascendente a lo largo del tiempo, como un promedio móvil que refleje consistencia con propósito.

¿Puede compartir ejemplos concretos de cómo el análisis de datos está transformando la toma de decisiones en el sector financiero?

Aunque respeto y valoro profundamente el análisis de datos, el verdadero reto no está en tener más información, sino en formular mejores preguntas. Hemos pasado de tomar decisiones basadas en la experiencia o la intuición, a apoyarnos en paneles de control, métricas y análisis visuales. Pero una cosa no excluye a la otra.

La gestión de datos —cuando se combina con pensamiento crítico y experiencia directiva— permite identificar patrones de riesgo, anticipar comportamientos y detectar oportunidades de inversión antes de que se hagan evidentes para el mercado.

En definitiva, no se trata solo de ver más, sino de ver con mayor claridad y actuar con mejor criterio.

Como dominicana que ha desarrollado parte de su trayectoria en Nueva York, ¿cómo ha influido su herencia cultural en su estilo de liderazgo y qué papel juega la comunidad dominicana en el sector financiero de la ciudad?

He tenido la suerte de apalancar mis logros en un entorno como este: su gente, su dinamismo y la forma en que me ha ayudado a valorar aún más lo que significa ser dominicana.

Mi herencia cultural ha influido profundamente en mi enfoque de liderazgo: trabajo con propósito, cercanía humana y un fuerte sentido de comunidad. Eso —tan característico de los latinoamericanos y caribeños— vale tanto como cualquier título profesional.

La comunidad dominicana en Nueva York es un motor silencioso pero imparable, cada vez más visible y relevante. Estamos en banca, fondos, tecnología, emprendimiento y más. Y lo más hermoso es que nunca olvidamos de dónde venimos, ni lo poderoso que es volver —aunque sea simbólicamente— con el orgullo del resultado en las manos.

¿Cuáles son los principales retos regulatorios que enfrenta el sector financiero en la era digital y cómo pueden las instituciones prepararse para abordarlos?

La regulación apunta a la prudencia y protección, mientras que la digitalización impulsa la eficiencia y la optimización. A simple vista pueden parecer fuerzas opuestas, pero en realidad pueden bailar juntas, si hay diálogo.

Ese equilibrio se alcanza mediante institucionalización, decisiones consensuadas y un compromiso real de formación pari passu entre todos los actores involucrados, sin que se vean como bandos enfrentados, sino como socios en el desarrollo del ecosistema financiero.

La clave está en la colaboración, en alinear incentivos y construir valor agregado colectivo. Solo así la regulación, la tecnología y el negocio dejarán de parecer esferas en tensión y se convertirán en verdaderos aliados del progreso financiero.

Más allá de sus logros profesionales, ¿cuál es el legado que aspira dejar en la industria financiera y qué impacto espera tener en la próxima generación de líderes financieros, especialmente en la comunidad latina?

He tenido la suerte de que los últimos quince años fueran un ensayo constante de impacto, de resolver problemas reales y de crear valor allí donde pertenezco. Y siento que apenas comienza el camino para cerrar esos capítulos y convertirlos en logros reales.

Mi motor es el impacto y la relevancia. Si en el camino puedo inspirar, abrir conversaciones, resolver desafíos o allanar el camino para más hombres y mujeres latinas y caribeñas que quieran convertirse en hacedores, entonces ahí es donde pertenezco. Eso sí será llamado logro para mí.

El legado que me interesa es haber sido útil, haber hecho espacio para otros y haber contribuido a construir un ecosistema de capitales más humano, más diverso y más conectado con la realidad.